Pueblos y pesebres.

Cuando recorremos los pueblos del empordà, y si hemos vivido en ellos desde hace tiempo, algunos nos damos cuenta de que aquellos pueblos se convierten sin remedio en pesebres en los que todo está perfectamente colocado, ordenado, regado, mantenido y desinfectado de tal manera que parezca lo que en realidad no es. No es un pueblo auténtico, le faltan sus calles sin asfaltar, las puertas que chirrian, la caca de la vaca y los olores a leña quemada (eso sí se lleva en los pesebres, pero es leña de cinco euros el paquete de cinco kilos, leña de fin de semana…)

¿Es malo lo uno y bueno lo otro?, el pesebre es el progreso frente al romanticismo de unos pueblos que eran pobres pero donde se vivia feliz sin el ánsia dels calés. Me quedo con el término medio.

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